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sábado, 15 de noviembre de 2014

‘Bienvenu ’ al Museo de Picasso


Los jardines renovados del Museo Picasso en París . FOTO: The New York Times

Con anteojos de armazón de carey y traje gris oscuro, Laurent Le Bon es un Zorro insólito para rescatar al Musée Picasso, cerrado desde hace mucho en París, en el barrio Marais.

Cuando el Gobierno lo nombró director en junio y lo despachó en esta misión de emergencia, las primeras planas de los diarios franceses elogiaron a Le Bon en nombre de ese ficticio forajido enmascarado, que combatió a funcionarios tiránicos. Y, en una improvisación en la traducción de su apellido y su reputación de diplomático, los curadores en el mundo del arte internacional lo llamaron Lorenzo el Bueno.

Su tarea: reabrir la majestuosa mansión del siglo XVII tras cinco años de construcción y renovación, varias fechas incumplidas y una revuelta de los empleados que llevó al despido, en mayo, de la directora anterior por una gestión autocrática.

“No creo ser el Zorro”, comentó Le Bon, quien presidió la apertura del Centre Pompidou Metz, una filial en el noreste de Francia, en 2010, y es especialista en el diseño de jardines de los siglos XVI y XVII.

“No creo que estemos en guerra. No hay conflicto. Mi método es muy simple: evaluar la situación, leer lo que se ha producido y escuchar”, dijo.

El más grande museo

de Picasso

El Museo Picasso, ubicado en el Hotel Salé, ha tenido su espacio público de más del doble para albergar a la colección de pinturas de Pablo Picasso (1881-1973) más grande del mundo, cuya inauguración será el 25 de octubre, fecha en que el pintor malagueño cumpliría 133 años.

Los días 21 y 22 de septiembre los visitantes echaron una mirada preliminar gratis a la mansión vacía y su grandiosa escalinata, sus extravagantes pilastras corintias y cupidos, antes de que se cuelguen unas 500 pinturas, incluidas algunas de la colección personal del pintor.

Entre tanto, Le Bon lleva a cabo una ofensiva carismática que incluye alcanzar un acuerdo preliminar con la directora destituida, Anne Baldassari, especialista en Picasso que invirtió gran parte de su carrera en el museo.

El ministerio de la cultura y Le Bon estaban terminando un acuerdo para que regrese como curadora de la exposición inaugural que ya tenía planeada.

Le Bon también se acercó al círculo más amplio de personas afectadas por la expansión y ha buscado enmendar relaciones crispadas, incluidas algunas con los descendientes del pintor.

Este Museo, manejado por el Gobierno e iniciado en 1985, debe su existencia a la familia Picasso, la cual donó un tesoro de más de 5 mil obras de arte a la muerte del artista en 1973, según una ley por la que se permite que los herederos contribuyan con arte en lugar de pagar impuestos.

Cuando ocurrió la conmoción administrativa, Claude Picasso, el hijo del pintor y miembro del consejo del Museo, estalló hecho una furia, y desdeñó a cualquier sustituto considerándolo un impostor. No obstante, desde el nombramiento de Le Bon, Picasso acalló sus críticas y declinó comentar sobre la inauguración.

Le Bon se reunió con él y también visitó a Maya Widmaier Picasso, la hija del artista con su amante -y su modelo frecuente-, Marie Thérèse Walter. Poco después de ese encuentro, ella ofreció una demostración pública de su apoyo a la nueva dirección con un regalo de bosquejos de Picasso y un dibujo parcial del poeta francés Guillaume Apollinaire que casa con la otra mitad en posesión del Museo.

La decisión de esa pieza tuvo por objeto enviar un mensaje de armonía, según su hijo Olivier Widmaier Picasso, un cineasta en París que produjo un documental sobre la familia y el Museo que se transmitirá en la televisión local.

“Simboliza la reunificación”, aseguró. “Caminamos en la misma dirección. Mi madre estaba triste de ver que la obra de su padre se había convertido en rehén en esta historia. Le pareció que la gente en el Museo era como sobreviviente en una balsa, y no sabía si estábamos en su contra”.

Una ardua tarea

Además de buscar a la familia, Le Bon realizó un montón de reuniones personales y en grupo. La estrategia tenía el propósito de darle vuelta a la página sobre lo que la prensa francesa llamó, en un momento dado, un psicodrama que incluyó la salida de la ministra de la cultura más reciente, Aurélie Filippetti.

La criticaron por manejar con lentitud el asunto del Museo, mientras subían los costos a alrededor de 68.3 millones de dólares. Además fueron despedidos varios empleados.

Le Bon se reunió con trabajadores, el sindicato local, dueños de galerías y vecinos muy enojados por la interminable construcción. Ahora se realizan discusiones sobre cambiar la pérgola de metal que da al jardín y el espacio público que provocó las críticas del barrio.

François Margolin, un documentalista y vecino que junto con un grupo preservador local presentaron una queja sobre los permisos de construcción para el Museo, se reunió con Le Bon y salió impresionado por su estilo colegial, una impresión compartida por el sindicato.

“No es egoísta”, sostuvo Margolin. “Tiene experiencia real en la apertura de museos. Es más abierto y tiene un método para trabajar con otras personas, escucha las opiniones de otros. Es realmente un profesional”.

Además del barrio, Le Bon también inició el contacto con importantes museos franceses que habían sostenido relaciones gélidas con su predecesora, después de que ella rechazó algunas solicitudes de préstamos de obras de Picasso. En octubre, va a prestar tres pinturas al Musée d’Orsay para su exposición sobre el tema del Marqués de Sade, y planea más préstamos a museos en Francia y Nueva York.

Las cuotas por préstamo de algunas obras que recorrieron el circuito internacional de exposiciones al paso de los años, ayudaron a financiar la restauración. Le Bon comunicó que espera producir más ingresos mediante las exposiciones itinerantes, en parte, porque se espera que el Museo financie más de 60% de su presupuesto anual, mismo que todavía fija el gobierno.

“Es una colección pública y no me pertenece”, dijo Le Bon. “Estoy encantado de que tengamos un inventario tan grande en la reserva. Y también estoy encantado de que haya gente que quiera usarlo en grandes proyectos. Eso es parte de nuestra ‘métier’: la colección, las exposiciones”.

Ya no está el andamiaje que había adornado al edificio. Policías hacen guardia, bloqueando el paso excepto para los camiones que transportan las primeras obras de Picasso que han llegado tras una larga ausencia.
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